Noticias

Sergio Valdés, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2018

El Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2018 en Cuba ha sido concedido a Sergio Valdés Bernal. Hace solo un mes se le hizo entrega del premio oficialmente pero desde los últimos días del año pasado ya era noticia en Cuba.

Afortunadamente, lo supe mientras estaba en La Habana de vacaciones y pude felicitarlo telefónicamente. Apenas unos días antes lo había visto en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad. Había sido invitada a dar una conferencia allí y cuando terminé encontré que me esperaba, sentado en uno de los bancos de madera de esos en los que todos los “fayleros” disfrutamos nuestros recesos entre turno y turno de clase, con uno de sus libros en la mano para darme de regalo y mil disculpas por haber llegado tarde a mi conferencia y no haber podido entrar.

Hasta me resulta pretencioso decir que, en algún momento, fuimos colegas en el Instituto de Literatura y Lingüística. Yo, una recién graduada de Letras y él, eminente lingüista que vivía sus últimos años laborables antes de pasar a la categoría de “jubilado” y poder escribir libros a su antojo. En aquel Departamento nos reuníamos cada miércoles, hacinados y entre burós enormes y casi museables que pertenecieron a Fernando Ortiz y otros tantos intelectuales que por allí pasaron. Y allí estaba siempre Sergio, único “gallo” de aquel gallinero de lingüistas, contando sus historias, animando a las más jóvenes a encontrar su camino y contagiando un optimismo que a veces le pesaba.

Su excesiva humildad y talento infinito se han ganado este premio, pero también sé que se le han negado muchos otros reconocimientos y se ha tratado, en ocasiones, de marginar su obra: que si no es lingüista, que si no es antropólogo… Pero siempre puso sus intereses investigativos por delante de cualquier etiqueta y aquí está hoy, al fin reconocido.

Para mí este premio es un símbolo  que legitima, no solo su labor, sino también la de otros lingüistas como Gisela Cárdenas, que han ayudado a construir el camino de la lingüística cubana.

Me honra, y sé que es el sentir de muchos otros, estar entre sus conocidos y que, luego de tanto tiempo, vaya a verme y aún me diga “mi Sobrina preferida” (una más entre las tantas bromas eternas con mi apellido).

Así que ¡Sóngoro Cosongo!, Sergio querido… los que te conocen me van a entender.

 

 

 

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Cubaneando

Mi No-navidad

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Este año en mi Departamento nos invitaron a contribuir con un breve podcast sobre cómo es la navidad en nuestros respectivos países. Se trata del Departamento de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Bergen, donde hay una variada representación de países y, por tanto, de lenguas y tradiciones navideñas.  Las contribuciones no se han hecho esperar y hemos estado escuchando acerca de la navidad en Polonia, Hawái o Japón.

Cuando me dijeron de la convocatoria mi primer impulso fue preparar algo breve y así representar a Cuba, ya que soy la única profesora cubana de por aquí. El entusiasmo, lógicamente, me duró unos pocos minutos. ¿De qué hablar? ¿Cuál navidad? ¿Comidas tradicionales del 24 de diciembre? Nada que decir.

Muy a mi pesar pertenezco a esa generación de cubanos que nunca tuvo navidad, que escuchó a los abuelos, padres y tíos hablar de cenas, arbolitos y regalos como quien escucha un cuento de hadas. Durante toda mi infancia en diciembre nunca hubo días libres, recuerdo ir incluso los 31 de diciembre bajo protesta a la escuela porque ese día controlaban mucho más estrictamente la asistencia. No tengo canciones navideñas que cantar a mis hijas, ni tradiciones o platos navideños que trasmitirles.  Solo les puedo contar que celebrábamos en casa la llegada del año nuevo con una buena cena (si se podía), que a las doce de la noche varias veces durante los años noventa nos comimos doce hollejos de mandarinas en lugar de doce uvas para pedir nuestros deseos, y que muchos salían con una maleta vacía a recorrer el barrio porque decían que traía buena suerte para poder viajar al año entrante (porque viajar siempre estaba en la lista de deseos de los once millones de cubanos).

A finales de los años noventa, luego de la visita del Papa Juan Pablo II, el gobierno permitió que el 25 de diciembre fuera un día feriado. Por esa época se comenzó a retomar un poco la tradición interrumpida por décadas y se empezó a vender decoración navideña. Para entonces tenía unos 18 años y mis prioridades eran otras, miraba extrañada todo aquello que nada tenía que ver con mi realidad hasta ese momento.

No fue hasta pasados los 30 que viví una navidad por primera vez. Acababa de llegar a Noruega y unos amigos nos invitaron a pasarla con ellos, así que experimenté de primera mano el espíritu navideño noruego. Suelo ser bastante apática para todo lo que se refiere a festejos tradicionales, no sé si por mi personalidad o por mi experiencia de vida, pero debo reconocer que la experiencia fue hermosa.

Luego de cinco años he intentado apoderarme de algunas cosillas noruegas pero mis pobres hijas sufren el efecto de una madre que nunca conoció el entusiasmo por este tipo de fechas. Solo una vez han tenido julekalender (calendario navideño), el Julenissen (versión noruega de Papá Noel) nunca las ha venido a visitar y no han comido pinnekjøtt, plato típico navideño que consiste en costillas de cordero curadas.

Quizás hubiera podido hablar sobre esto en el podcast, sobre mi No-navidad, sin embargo una vez más la sensación de haber crecido en otro planeta me cortó las alas, la efímera idea de que tenía algo que aportar. Siento que me perdí de mucho. No me refiero a la celebración religiosa en sí misma porque es algo con lo que nunca me he sentido identificada, pero sí creo que todo lo que se mueve alrededor de estas fechas hubiera sido, sin duda, una buena dosis de alegría muy necesaria en aquellos años. Solo me queda, en lo posible, intentar que mis hijas saquen lo mejor de la experiencia de estos dos mundos.

Cubaneando

Lengua y deporte nacional: hablar en clave de béisbol

beisbolMientras caminas por cualquier calle de Cuba puedes escuchar cosas como estas:

El tipo se vio en tres y dos, se dio cuenta de que todo este tiempo le habían tenido la bola escondida, así que pensó: mejor no le hago más swing a eso.

Lo que puede ser equivalente a decir:

El tipo se encontró en una situación difícil, se dio cuenta de que todo este tiempo le habían ocultado información, así que pensó: mejor no me preocupo más por eso. 

Y es que quien quiera comprender a cabalidad el español que se habla en las calles de Cuba, debería intentar, si no lo está, familiarizarse con el argot beisbolero. Ya dijo Padura que “para los cubanos, el béisbol no es un deporte y mucho menos un juego: es casi una religión, algo definitivamente muy serio”, y cuando un deporte logra tamaño alcance en la vida cultural e identidad de un país, la implicación lingüística resulta inevitable.

Muchas son las palabras o expresiones provenientes del béisbol que han adquirido en el español de Cuba significados generales alejados de la acepción especializada. Algunas de ellas han calado tanto que un hablante poco atento a cuestiones lingüísticas podría no ser consciente de su procedencia: estar más atrás que el ampaya; en tres y dos; fuera de liga; la bola pica y se extiende; ¡se partió el bate (de aluminio)!; ser cuarto bate; tener la bola escondida; esquina caliente; dar/meter curva; dar/meter línea; ser out por regla;  haber/tener movimiento en el bull-pen; tener tamaño de bola; hacer swing; irse del parque etc.

Lejos estamos ya de aquel beis ball que le tomamos prestado a los gringos por allá por el siglo XIX. El “aplatanamiento” es evidente desde el propio nombre del deporte, devenido deporte nacional: béisbolbeisbol o, para decirlo con total cubanía, la pelota. El interés desde el punto de vista lingüístico no solo se genera por los aportes del deporte al español cubano sino también por todo lo que sucede, lingüísticamente hablando, en la propia terminología deportiva.

Por ejemplo, lo sucedido con la denominación del deporte ocurre con otras muchas palabras. Con la paulatina consolidación del juego de pelota como deporte nacional muchos de esos anglicismos se hispanizaron, se crearon nuevos términos y se especializaron acepciones del léxico general.

La pronunciación de los términos provenientes del inglés ha provocado que se hagan adecuaciones en la escritura. Es por eso que jonrón, ampaya o jit son las palabras que encontramos cada día en la sección deportiva de cualquier publicación nacional, y no sería de extrañar que algunos cubanos no reconozcan estas voces en la escritura de home rome, umpire, hit. Esto da lugar a una gran variación gráfica en la escritura de palabras tales como: pitcher/pícher, pitcheo/picheo, fly/flay/flai, home/jon, strike/estrai/estray, dead ball/desbol, short/sior/siol. En ocasiones el proceso está tan avanzado que no es posible encontrar en textos escritos cubanos el referente extranjero de las siguientes variantes hispanizadas: tubey, tribey, escón, adecuaciones de two base, three base y scon, respectivamente.

También es posible que el anglicismo alterne con la palabra en español como center field y jardín central, por ejemplo, o que surjan palabras derivadas de estos préstamos: noquear, quechar, quechear, fildear, fildeo, fildeador, jonronear, jonronero, infielder, swinazo.

Para la denominación de un concepto confluye en algunos casos una gran variedad de términos, debido en gran medida a la intención de periodistas y narradores deportivos de aportar dinamismo al discurso sin repeticiones reiteradas o, a veces, incluso, de imponer su sello:

  • jonrón /home run /cuadrangular /cuatriesquinazo /cuatroesquinazo /batazo de cuatro esquinas/ batazo de vuelta completa
  • inning /entrada /episodio /capítulo
  • apagafuegos /bombero /estabilizador /lanzador /relevista /pitcher tapón /relevista / relevista taponero
  • lanzador /monticulista /pitcher /pícher /serpentinero
  • almohadilla /cojín /goma /colchón
  • cabilla /cañonazo /cepillazo /cohete /conexión /imparable /inatrapable /incogible /indiscutible /jit / hit /tablazo
  • jardinero /patrullero /guardabosque
  • jardín/ banda /bosque /pradera

Muchos más pueden ser los fenómenos o ejemplos a considerar y la lingüística cubana aún tiene como deuda la elaboración de un diccionario de béisbol. Por otra parte, soy incapaz de medir si el impacto de la jerga beisbolera en el español de Cuba es mayor o menor que en otros sitios, con el mismo u otro deporte. Es algo que se ve en todas partes, si no preguntémosle a un argentino, un mexicano o un español sobre lo que sucede en sus variedades de español con el fútbol, por ejemplo. Mi intención no es sobredimensionar la influencia que tiene sobre el español de Cuba el léxico beisbolero, sino llamar la atención sobre algo que, indiscutiblemente, nos distingue y, en buena medida, nos define.

De la lengua y de ti

¿Dialectos en el español de Cuba?

Los hablantes cubanos somos capaces de distinguir a un guantanamero, un camagüeyano o un habanero, ya sea por su entonación, modos de pronunciación o palabras que usan. Si no logramos ubicar exactamente la provincia del hablante en cuestión, con seguridad podremos identificarlo como perteneciente a una determinada área geográfica de Cuba.

Ya desde mediados del siglo XIX Esteban Pichardo hablaba de diferencias “en la mitad oriental y en la mitad occidental” pero no es hasta un siglo más tarde, en 1958, que se realiza un estudio fonético y fonológico que señala la existencia de tres zonas lingüísticas: Occidente, Centro y Oriente.

¿Quiere decir esto, entonces, que en Cuba hay varios dialectos?

Para dar respuesta a esta pregunta se debe precisar qué se entiende por dialecto, definición traída y llevada en los estudios lingüísticos. Si entendemos como dialecto “un sistema de signos desgajado de una lengua común, viva o desaparecida, normalmente con una concreta limitación geográfica, pero sin una fuerte diferenciación frente a otros de origen común” (Alvar 1996: 13) la respuesta es NO, no puede hablarse de dialectos en el español de  Cuba. La homogeneidad de la variante cubana del español es tal, que no es posible identificar dialectos, por lo que se prefiere hablar de variación asociada a la geografía, o lo que es lo mismo, de zonas geolectales:

 (…) en nuestro país no existen dialectos de nuestra lengua nacional, la modalidad cubana del español. O sea, las diferencias regionales en los diversos niveles de lengua (fonológico, léxico, morfológico y sintáctico) no evidencian matices o rasgos que permitan clasificar estas hablas regionales como dialectos. Por ese motivo, preferimos hablar, en el caso de Cuba, de áreas geolectales,y no de áreas o zonas dialectales, calificativo que presupone la existencia de dialectos (Valdés 2007: 25).

En las últimas décadas, con los datos aportados por el Atlas Lingüístico de Cuba (ALCu), se han identificado CINCO ZONAS GEOLECTALES EN CUBA, las cuales se representan en este mapa:

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Zona I: se reconoce como muy innovadora en cuanto a pronunciación y vocabulario. Los elementos fonéticos caracterizadores son:

  • asimilación de /r/, /l/ y /s/ a la consonante siguiente (*paqque x parque)
  • aspiración de /s/ final de sílaba (*pajta x pasta)
  • aspiración de /r/ ante /n/ o /l/ (*cajne x carne, *Cajla x Carla)
  • debilitamiento de /d/ entre vocales (*planchao x planchado)

Zona II: presenta estos mismos rasgos fonéticos algo más atenuados.

Zona III:  es considerada la más conservadora en cuanto a lo fonético y al léxico. Por este motivo, en la conciencia de los cubanos es en esta “donde mejor se habla en Cuba” y el modelo o la norma a la que aspira el hablante cubano.

Las zonas IV y V tienen particularidades fonéticas y léxicas:

  • Se caracterizan por el uso de un gran número de voces exclusivas que no son compartidas por el resto de la isla, especialmente en la denominación de la flora y la fauna pero también en la nominación de objetos de uso cotidiano: ponque por panqué, mogolla o mogo por fufú de plátano, delirio o tetina por tete, presillamordaza por palitos de tender la ropa, imperdible o niñera por alfiler, entre otros.
  • En lo fonético se aprecia en la zona IV alta frecuencia de trueque de /r/ por /l/  y de elisión de /s/ (*cataña x castaña).
  • La V se distingue, además de por la elisión de /s/, por un alto porcentaje de las variantes prestigiosas de /l/ y /r/, e incluso, esta última se pronuncia con gran refuerzo articulatorio.

 

Referencias

Alvar, M. (1996). Manual de dialectología hispánica. Madrid: Ariel Lingüística.

Valdés Bernal, S. (2007). Visión geolectal de Cuba. Frankfurt: Peter Lang.

De la lengua y de ti

De nuevo Mañach

Allá por los inicios de los 2000 comenzó mi admiración por Mañach. Es de esos intelectuales que nunca terminas de descubrir y cuyo halo enigmático y controversial, en lo literario y en lo político, me llevó a escribir mi tesis de licenciatura sobre sus artículos de costumbres. Su labor ensayística ha opacado siempre sus otras aristas, pero como escritor de cuadros costumbristas está también en el panteón de los grandes. Así tenía que ser luego de sus Estampas de San Cristóbal (1926), donde recoge los artículos de costumbres que publicó durante los meses de julio y agosto de 1925 en El País. 

Justo hoy, mientras abro una de esas carpetas que vas reciclando de computadora a computadora y ya no sabes ni qué contienen, me sorprendo al encontrar un ensayo que escribí aún siendo estudiante sobre las reflexiones lingüísticas de Mañach. ¡He ahí otra prueba de mi obsesión!

Leerlo nuevamente ha sido todo un redescubrimiento. Por razones obvias no puedo reproducirlo aquí. Me conformo con compartir algunas de esas citas que extraje en su momento y que son fruto de mis pesquisas en tres de sus obras: Glosas (1924), sus Estampas… (1926) y un artículo publicado en Bohemia en 1960. Cada uno de los fragmentos que he seleccionado merecería varias cuartillas.

Como una especie de  “advertencia al lector” (y como prueba de mi amor por Mañach), recomiendo situar sus palabras en el contexto de purismo lingüístico en el que se generaron estas ideas y relacionarlas con la visión mañachiana de cultura y nación cubanas.

¡Aquí les van!

Te aseguro que estos diálogos de bodega, en que se cruzan por encima del mostrador seseos barrioteros y jotas aplatanadas, hacen más obra de fusión indoibérica que todos los discursos de todos los Días de la Raza.    (2000:75)

En nuestro “chico” o “compadre”, no hay ningún laconismo admirativo; no hay, a lo sumo, más que el convencimiento subconsciente, embebido en el pueblo, de que todos somos igualmente menudos, “listos”, desaprensivos, innocuos. Y si así es, ¿cómo esperar que el pueblo sepa distinguir a sus directores, si todos son “viejitos”? ¿Cómo extrañarse de que tengamos que importar mandatarios que, por lo menos son Místers y todo el mundo los respeta hasta que aprenden a “chiquearnos”?  (1924: 267)

…¿dónde está la sinceridad de afecto en nuestros diminutivos, ni qué indican sino depreciación de las categorías sociales, descuido del justo criterio, relajación de aquellas consideradas maneras que elaboraron todos los pueblos cultos y practicaron aún en la democracia? (1924: 266)

En suma: de arriba abajo, todos, mi querida amiga, decimos “cansao” y “pasao”, “nieve” y “bravo”, “disgusto” y absoluto”, “chota” y “careta”. La lista es interminable. Pronto tendremos aquí también, extendido a la literatura nacional como ya lo ha sido al tringlado del gallego y el negrito, una suerte de lunfardo cubano, semejante al de nuestros primos del plata.  (1924: 300)

  …la lengua que un pueblo habla pertenece a ese linaje paradójico de hechos que son, a la vez, accidentales y esenciales. Los cubanos pudimos muy bien haber seguido hablando la perla siboneya, si a Colón no le hubiese dado por la vena descubrirnos, o pudiéramos ya estar hablando inglés, si ciertos profetas norteamericanos del “destino manifiesto”, a principios del siglo pasado, no se hubiesen encontrado con los cantos de Heredia en el camino de sus intenciones. Pero ya se ve cómo este accidente puede llegar a convertirse en esencia, pues nadie negará que mucha de la dignidad cubana de que blasonamos, mucho del ideal de patria que hoy nos sustenta y anima, viene precisamente de aquella noble vacuna espiritual que Heredia nos puso en el alma….(1960: 50)

  El idioma junta, pero también separa. Lo que importa es que quienes lo hablan, ya sea en un pueblo o en una constelación de pueblos se junten en lo que les es de veras común, y no en lo que los separa de otros idiomas o de otros pueblos… trátese del norteamericano, o por ejemplo, el ruso. Esto no es xenofobia: es pura y simple preservación.  (1960: 73).

 

 

Mañach, Jorge (1924). Glosas. La Habana: Ricardo Veloso Editor.

Mañach, Jorge (1960). “Sentido político del idioma” en Bohemia, abril No. 24, p.50- 73.

Mañach, Jorge (2000). Estampas de San Cristóbal. La Habana: Ediciones Ateneo.

 

Noticias

SEMINARIO INTERNACIONAL Las investigaciones lingüísticas en el Mundo Hispánico

 

Del 28 de enero al 1 de febrero de 2019 tendrá lugar en La Habana el Seminario Internacional “Las investigaciones lingüísticas en el Mundo Hispánico”.

En él se presentarán los resultados de los principales proyectos de investigación de la lingüística hispánica en la actualidad y se realizarán talleres y mesas de trabajo dirigidos por prestigiosos especialistas.

Convocatoria internacional

 

Los interesados pueden obtener más información en el siguiente enlace:

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Noticias

Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba al Atlas Lingüístico de Cuba

La Academia de Ciencias de Cuba ha otorgado el Premio Nacional al Atlas Lingüístico de Cuba como reconocimiento a sus aportes a la investigación científica.

El premio está dirigido a Lourdes Montero Bernal, directora del proyecto. Sin su empeño esta obra, iniciada desde los años 80, nunca se hubiera concluido. También fue reconocido el equipo de trabajo integrado, en su mayoría, por jóvenes lingüistas e informáticos cuya labor en este proyecto fue un pilar fundamental en su formación.

¡Felicitaciones !

 

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Cubaneando

¿El chivo o la bicicleta?: De esta y otras metáforas zoomórficas

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Uno de los mecanismos metafóricos más productivos de la lengua española es el zoomórfico. Calificamos rasgos y comportamientos humanos con nombres de animales y son muchísimos los que forman parte del caudal léxico que compartimos los hispanohablantes. Así, cualquier hablante de español entendería cuando le decimos a alguien que es una cotorra (persona habladora), un mulo o una mula (persona fuerte y vigorosa o de carácter áspero), un topo (persona de poco entendimiento), un burro (persona ruda e ignorante).

Sin embargo, en el español de Cuba se emplean otros muchos zoónimos con significados que a un gran número de hablantes de español les costaría entender. En algunos casos se trata de motivaciones que provienen de las peculiaridades de nuestra realidad y en otros de simples asociaciones por determinados rasgos físicos, insultos o formas de tratamiento que pueden ser compartidas por algunas pocas variedades hispánicas, pero no son del conocimiento general.

Hiperónimos como animal o bestia son usados por todos para referirse a una persona en sentido metafórico, pero bicho y fiera (persona astuta) tienen para los cubanos un matiz especial. Fiera, por ejemplo, se usa también como forma de tratamiento entre hombres, fundamentalmente, además de tigre, caballo o tiburón. Pero no es lo mismo en Cuba decirle a alguien ¡qué bolá, caballo!  que hablar de “el caballo”, forma que quedó reservada específicamente para referirse a Fidel Castro, casi como un eufemismo si se quería evitar mencionar su nombre.

Muy frecuentes son los casos en los que el elemento asociativo es un rasgo físico: bacalao (persona muy delgada), ballena o bayoya (persona gorda), aunque la asociación inicial no siempre es tan evidente:

camello: medio de transporte público urbano con desniveles de altura

carnero: persona sin criterio propio, especialmente en política

gusano: persona contraria al sistema político cubano

curiela: mujer con muchos hijos

pescado: billete de diez pesos

caballo: persona que posee amplios conocimientos o habilidades para hacer algo.

tiñosa: asunto difícil, molesto, complicado

Para referirse a los hombres homosexuales se emplea ganso, pato, cherna, yegua, todos con un matiz despectivo.

La productividad de estas metáforas es tal que dan lugar a nuevas formas: el aumentativo mariposón se refiere a una persona que va de un lugar a otro sin saber qué hacer; de la acepción de majá como persona holgazana tenemos el verbo majasear (holgazanear) y de sapo (persona que inoportuna, especialmente a una pareja de enamorados) tenemos la acción de sapear.

Lo más incomprensible para un hablante de español no cubano pudiera ser que, a veces, el significado varía según lo hace el género: el chivo es la bicicleta pero chiva es el apócope de chivato. No es lo mismo la coneja (la vulva, español general) que un conejo (persona con los dientes grandes y hacia afuera); la guanaja (el dinero) que un guanajo (persona tonta); un pájaro (hombre homosexual) que ser buena pájara.

Seguramente, otras decenas de ejemplos vendrán a sus mentes. ¡No duden en compartirlos!

 

 

De la lengua y de ti

El español de Cuba ¿en la “periferia lingüística”?

Cada uno de nosotros tiene una manera particular de visualizar su realidad. Cuando esa percepción personal se enfoca en la lengua que hablamos y deja de ser una opinión aislada para convertirse en el criterio de la mayoría de los hablantes de una comunidad de habla determinada, inevitablemente influye en cómo conformamos nuestra identidad lingüística, nacional, regional.

Para los cubanos, específicamente para los habaneros, el español de Cuba se inscribe en una zona lingüística constituida también por otras variedades que se consideran similares a la propia, como la puertorriqueña, dominicana y venezolana. Además de por rasgos lingüísticos, las similitudes se establecen por condicionantes geográficas, culturales, orígenes étnicos comunes, entre otros aspectos.

No obstante las semejanzas percibidas, la variedad cubana emerge entre las vecinas como la más prestigiosa. El poco acceso a la instrucción, la presencia haitiana y determinados usos lingüísticos (la elisión de la /s/ y la entonación) son algunos de los factores que los hablantes habaneros toman en cuenta para discriminar al resto de los antillanos y enaltecer su variedad dentro del área. Tal discriminación se hace a veces de un modo indirecto, a través de la asociación del habla de boricuas y dominicanos con la del oriente de Cuba. La zona oriental, sobre todo las provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo, es discriminada no solo por los capitalinos cubanos, sino también por los propios hablantes del oriente.

Cuando se trata de señalar diferencias entre el español de Cuba y otras variedades nacionales, destaca, fundamentalmente, la percepción diferenciadora que se tiene de España, Argentina y México. Junto a usos lingüísticos diferenciales (ceceo, voseo, entre otros), uno de los elementos en los que se basa la distancia perceptual es en la corrección a la que estas variedades de español están asociadas. Según los cubanos, españoles, argentinos y mexicanos hablan diferente porque hablan “correctamente”.

La noción de corrección lingüística debería estar asociada a la adecuación o no a una situación comunicativa determinada. Lamentablemente, en la conciencia lingüística de los cubanos y de los hispanohablantes, en general, el ideal de corrección se ubica en la variedad castellana o, en el mejor de los casos, como evidencian los comentarios de los cubanos, en rasgos propios de estas variedades americanas con prestigio en sus respectivas zonas geográficas y, por tanto, irradiadoras de normas lingüísticas.

Las variedades de español de los países centroamericanos, a pesar de la proximidad geográfica, son las grandes desconocidas. Los cubanos son incapaces de distinguir el modo de hablar de un hondureño del de un costarricense y apenas los ubican en sus mapas mentales, ni como semejantes ni como diferentes.

De esta forma, perciben un conjunto de variedades de español, similares entre sí y difíciles de identificar, como la mayoría de las centro y suramericanas; distante de este conjunto estaría otro conformado por el español de España, Argentina, México y Colombia que, a su vez, guardan una considerable distancia perceptual entre ellos y, apartado de ambos grupos estarían ubicadas las variedades antillanas y la venezolana.

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Grafico 1. Representación de las percepciones dialectales de los cubanos. Escala multidimensional.

Como ilustra este gráfico, construido a partir de los comentarios aportados por cubanos en investigaciones sobre el tema, las variedades antillanas serían las más alejadas de ese conjunto que más ellos prestigian. En cuestiones de lengua se aplica también la noción de centro y periferia, por tanto, esas variedades nacionales consideradas como “correctas” serían las más cercanas al prototipo ideal de lengua española que los hablantes cubanos conciben; mientras que el español de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana serían modalidades periféricas del español. Desde otros ámbitos del conocimiento se ha caracterizado la región caribeña como periférica en lo geográfico, económico, social. Según la subjetividad de sus hablantes, la región caribeña adquiriría, también, un matiz periférico desde el punto de vista lingüístico.